Cuerpo de idioma
A Freddy Gatón Arce
y Manuel Mora Serrano
La palabra hace fiestas y orna premoniciones. Escribo, serenamente, como quien abdica a un don apetecido, y a pesar de goce hondo se lastima, prosigue un hábito insufrible hasta emerger la sangre (satisfecha). Mi escritura camina hacia el cuerpo que no soy, y sin embargo sufro culpable de sus huellas. Yo se vuelve niebla cuando su mano escribe y se descubre otro al momento de leer. La palabra reencarna como el amor más terco. La palabra trashuma entre infiernos y rebaños; blando territorio inguinal donde reposo, negro lago ácido entre mangles y arrecifes, por los que ruedo unidas mis manos al deseo. Allí mi amor se acoda, recrece como el día, mientras el fuelle ágil de su vientre culebrea, y se sirven en ágape mis demonios pudendos. Ella es mi amor postrero y de sus pechos bebo un agua blanca y crespa. La palabra me arde, me silencia, me da mundos. La palabra me funda, me destruye, me ilumina. La palabra me piensa, me abraza, me consume. Hace fiestas, orgías, exorcismo de formas, colores y sonidos vegetales para el mar. La palabra es el tiempo, es el hombre, el culto a lo vencido, lo táctil, lo insondable. La palabra es mi antorcha, mi destino, mi pecado.

José Mármol