LEDA
A Henri de Régnier
¡Oh hierático cisne, con las alas plegadas,
bogas hacia la rubia y grácil Tantalida,
por enlazar sus mórbidas caderas sonrosadas
y abrevar en sus senos embriagueces de vida!
Sedoso cuello que se tiende en ignoradas
combas de nácar y de felpa, en la dormida
ribera, como tálamo bajo las enramadas,
donde a maravillosas nupcias Leda convida...
Corren suspiros leves como a través de un velo;
sobre el lago silente las tórtolas en vuelo
susurrante se alejan al bosque de citiso.
Y con el ámbar sólo de sus crenchas vestida,
Leda, por las caricias del Ave estremecida,
sonríe, toda blanca de flores de narciso.

Leopoldo Díaz