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        LA OCASIÓN PERDIDA

  ¡Cuán sosegada duerme
La bella de mis ojos
Sobre la muelle grama
Bajo el nogal coposo!
  ¡Ay! ¿Osaré en sus labios
Como la grana rojos
Libar el dulce beso
Que ha de colmar mi gozo?
  ¿Si despierta y se ofende?...
Más temo yo su enojo
Que al águila rapante
El cándido palomo.
  Mas cuando ayer le dije:
«Mi Filis, yo te adoro»
Su boca sonreía
Con ademán gracioso;
  Y palpitó su pecho,
Y se encendió su rostro,...
Y lo advertía Filis,
Pues le ocultó en sus hombros.
  ¡Cuál besa sus mejillas
El lúbrico Favonio!
¡Cuán juguetón se mece
En su cabello blondo!
  ¿Y menos, ¡ay! que el viento
Será Damón dichoso?
Yo llego. Amor, tus alas
Cubran mi dulce robo.
  Quizá no duerma Filis...
Quizá brinde a mi arrojo
Lo que jamás lograran
Mis ruegos amorosos.
  Callad, alegres aves,
Delicia de este soto.
Para cantar mi triunfo
Guardad el blando coro.
  Su murmurio suspenda
El cristalino arroyo;
Suspenda sus balidos
El olvidado choto.
  Abeja que la amagas
Con tu aguijón ansioso,
¡Guarda, no la despiertes
Con tu zumbido ronco!
  Vuela al rosal vecino;
Aparta, que a mí solo
El hijo de Ciprina
Reserva ese pimpollo.
  Yo llegó... No. Pulsando
Su cálamo sonoro
De la colina al valle
Desciende Nemoroso.
  ¿Me mira? Sí. ¡Mal hayan
Sus importunos ojos!
¡Perezca su ganado
Presa de hambriento lobo!
  Dijo; y la niña Filis
Quizá con más encono,
Aunque dormir figura,
Maldice a Nemoroso.

autógrafo

Manuel Bretón de los Herreros


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