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        MISIVA DE AMOR

Si mis ojos no te ven,
Si no te oyen mis oídos,
Si no pueden confundidos
Nuestros alientos volar;

Deja que brote violento
Y vaya rasgando el viento
Mi oprimido pensamiento
Tu pensamiento a buscar.

Y si estas líneas insípidas,
Descoloridas, forzadas,
No las hallares trazadas
Con sangre del corazón;

Tal vez tu mano sí siente
Que otra convulsa y ardiente
Dejó una huella caliente
Impresa en cada renglón.

¿Y nada más? Viles letras,
Rayas mezquinas y tardas,
Notas indignas, bastardas,
De un concierto creador;

Cuando una mirada, un grito,
Un gesto, un rubor bendito,
En un soplo un inñnito
Decir pudieran de amor.

¿Amor? ¿Qué nombra con eso
La lengua imbécil del hombre?
¡Dios mío! ¡préstame un nombre
Digno de mi sensación!

Nombre de luz soberana,
Digno del sol de que emana
Nombre que en la lengua humana
No se impregne de baldón.

¡Necio de mí! Cuando el alma
Recorre en vuelo sediento
Abismos de sentimiento
Más profundos cada vez;

Cuando con rápido embate
Mi sangre en mi frente late
Y por ensanchar combate
De su prisión la estrechez.

Yo forcejeando en mis hierros
Quiero coger en la pluma
Alguna chispa de espuma
De ese torrente inmortal;

Que su desorden se ahorme
Al ruin metro uniforme
Y que en tierra se transforme
Su armonía celestial.

Deja que al menos pronuncie
Tu adoradísimo nombre;
Deja que el pecho de un hombre
Suspire, ¡oh ángel! por ti.

Y si mi pluma entretanto
Osa dirigirte un canto
Mira mis gotas de llanto
Más que mis versos aquí.

Tú en cuya faz rompen ya
Bajo igual próspera estrella
Tres flores a cual más bella,
Beldad, juventud y amor;

Tu que velas su corola
Con una blanda aureola
Que a veces casto arrebola
Con dulce beso el pudor.

Y que vibras encantada
Una alma en cada mirada,
Y una brisa perfumada
Dejas, de esperanza, en pos;

Tú que señalas escrito
En la calma de tu frente
El nombre benevolente
Que se goza en darte Dios.

No esperes que yo me mezcle
En la turba de serviles
Que con lisonjas pueriles
Quieren comprar tu favor.

Ni que, sombra de tus ojos,
Acechando tus antojos,
Vaya a pedirte de hinojos
Una limosna de amor.

No esperes que disfrazado
De búho de infanda suerte
Con juramentos de muerte
Piense aterrar tu desdén.

Ni temas (si algún secreto
Me dijo labio indiscreto)
Que él me valga de amuleto
Contra tus iras también.

Que, por ventura o desgracia,
Altivo sin condiciones,
No sé menguar mis pasiones
Con la farsa o el ardid.

Y orgulloso y franco, voy
A mi objeto tal cual soy
Y es mi amor si amando estoy
Mi escudo y arma en la lid.

Tal vez muriendo en silencio
Doy culto aunque nada espere
Al ídolo que prefiere
Mi corazón sin disfraz.

Mientras quien más se impaciente
Y hable y llore y argumente
Es aquel que menos siente
Y es aquel que miente más.

Como las aguas de un río
Y como todo en el mundo
El amor es más profundo
Do más sosegado está.

Fuego que no se divisa,
Fuego dormido en ceniza,
Es fuego que pulveriza
Lo que a despertarlo va.

Y ese cielo de la tierra,
Santuario de la vida,
Eternidad presentida
Por la sensibilidad;

¿Quieren los necios que sea
De desdichas panacea,
Favor que se pordiosea
Del capricho o la piedad;

Para que luego conquisten
Con algún hurtado anillo,
El aplauso del corrillo,
Los rumores del salón;

Sacrificando por nada
Una hermosa inmaculada
A una torpe carcajada,
A una cínica alusión?

¡Mi virgen! si no me amas,
Si aspirar tanto es locura,
Si no alcanza mi ternura
Siquiera un reflejo en ti;

Si a Dios por mi bien no agrada
Mi dicha ver coronada
Con la dicha en ti cifrada
Que férvido le pedí:

Recuerda al menos que un día
Entre débiles amantes
A las puertas deslumbrantes
De la febril juventud.

Se detuvo a hablar contigo,
Diciendo lo que te digo,
Un amante buen amigo
Digno de tu gratitud.

El vio su dicha en tus ojos,
Y hablándote caballero
Puso abierto todo entero
Su corazón a tus pies:

¡Dígnate verlo siquiera!
¡No le rechaces severa!
¡Tómalo linda hechicera...
Y no lo vuelvas después!

Arrúllalo como a un ave
Triste pero melodiosa
Que perseguida y quejosa
Vino a ampararse de ti.

¡Cuánta caricia en seguida
No le hicieras sonreída!
¡Esas caricias, mi vida,
Mi vida sean para mí!

No esa copa que prodiga
Siempre vacía y repleta
Una insípida coqueta
Suicida por diversión;

Esa parodia impudente
Que hastía sin que alimente
Y el alma torna impotente
Y estéril el corazón.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

¡Oh! ¡vuelve noche de danza,
Delirio incesante mío
Trayendo por atavío
De un sueño la realidad!

¡Ponme sonrisa en sus ojos,
Amor en sus labios rojos,
Y si en su seno hay enojos,
Un perdón de intimidad!

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Si esto cae en otras manos
No imagines que me ofendo
Ni que en un punto desciendo
La limpia frente a humillar:

Yo que te rindo, alma mía,
Generosa idolatría
¿Por qué no me jactaría.
Delante el mundo, de amar?

Y si estos versos, indignos
Del sol de amor que me ciega,
Tu mano tímida entrega
Al fuego sosegador.

No verán indiferente
Tras la llama transparente
Mi mirada fija, ardiente,
Devorándote de amor.

Bogotá, marzo 25 (viernes santo); 1852.

autógrafo

Rafael Pombo


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