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        EPÍSTOLA VI

ESCRITA, EN 10 DE MARZO DE 1777, Á DON DOMINGO DE IRIARTE DURANTE SU VIAJE A VARIAS CORTES EXTRANJERAS

Paréceme que sí, querido hermano,
Ya que Apolo no siempre es tan divino
Que dictar quiera versos elegantes
Y dignos de tenerle por padrino,

Sino que se complace en ser humano,
Y prosa suele hablar con consonantes,
Sin furor ni entusiasmo de adivino,
Sujetando las alas al Pegaso,
Porque, en vez de volar, le lleve al paso.

Tú, que, olvidado ahora de esta Corte,
Buscas las del Oriente y las del Norte,
Perdona si te envidio la gustosa
Curiosidad y el intimo consuelo
De visitar el afamado suelo
De Tulio y de Marón patria dichosa,
Y patria a quien sirvieron Paulo Emilio 1,
Uno y otro Scipión, Mario y Atilio 2.
Largo fuera y ocioso recordarte
Los blasones y el lustre sin segundo
De ésa que un tiempo fue la mejor parte
De Europa y la Metrópoli del mundo.
Pídote sólo que en la Eneida leas
Cómo, al hallarse en el averno Eneas,
Anchises le mostraba en profecía
Las almas de los ínclitos Varones
Que habían de llegar a ser un día
Honor de las Itálicas regiones.
Hoy tú, más bien que el Capitán Troyano,
No en vaticinio, sino con tus ojos,
Ayudados de luces de la Historia,
Admirar puedes la sublime gloria
Del Imperio Romano,
Que atestiguan reliquias y despojos.
Mas yo no puedo desde el clima Hispano
Registrar la columna de Antonino,
El templo y obelisco Vaticano,
El Capitolio y monte Palatino.
No veo las basílicas, los puentes,
Las termas, arcos, puertas, mausoleos,
Acueductos, palacios, muros, fuentes,
Pórticos, plazas, circos, coliseos.
Veo sí los escritos inmortales
De los Tácitos, Livios, Cicerones;
Veo Plinios, Lucrecios, Juvenales;
Veo Augustos , Mecenas y Marones.
Con sus nombres el ánimo se exalta,
El heroísmo y pundonor sa excita;
Y cuanto más aquel modelo imita
Una Nación, mas ve cuánto la falta
Solo para acercarse a tal grandeza,
Tal esplendor, poder, fama y riqueza.

Del benigno país que con su riego
El caudaloso Tíber fertiliza,
A la fría región pasarás luego
Por donde el gran Danubio se desliza,
Ceñida allí de una comarca amena
Verás la austríaca Viena,
Verás y admirarás al Soberano
Benéfico, sagaz y belicoso,
Que, imitando al magnánimo Prusiano,
Un ejército manda numeroso
De dóciles Guerreros,
Intrépidos, robustos, escogidos,
A quienes como honrados Compañeros
Trata, no como Esclavos abatidos.
Verás la Agricultura floreciente,
La pública instrucción adelantada,
Las Artes propagadas de repente,
Y entre ellas promovida y estimada
Aquélla con que Orfeo
Domó las fieras y paró el Leteo.
Todo el poder y efectos prodigiosos
Que cuentan de la Música divina
La antigua Historia Griega y la Latina,
No te parecerán ya fabulosos
Cuando de cerca aplaudas la arrogancia,
La expresión e ingeniosa consonancia
Con que hace hablar sus varias sinfonías
El Músico mayor de nuestros días,
Hayden, aquel grande hombre,
A quien te pido abraces en mi nombre.

Mas ya dejar te miro
Los confines Germanos,
Y el político giro
Seguir hasta los últimos Britanos.
Desde luego la Corte populosa
Cuyas murallas baña
La corriente anchurosa
Del Támesis, la imagen te presenta
De una nación en todo bien extraña;
Nación en otros siglos no opulenta,
Hoy feliz por su industria, y siempre exenta;
Nación tan liberal como ambiciosa,
Flemática y activa,
Ingenua, pero adusta,
Humana, pero altiva,
Y en la causa que abraza, inicua o justa,
Violenta defensora,
Del riesgo y del temor despreciadora.
Allí sera preciso que te asombres
De ver (cual no habrás visto en parte alguna)
Obrar y hablar con libertad los hombres.
Admirarás la rápida fortuna
Que allí logra el valor y la elocuencia,
Sin que ni el oro ni la ilustre cuna
Roben el premio al mérito y la ciencia.
Advertirás el numeroso enjambre
De diligentes y hábiles Isleños,
Que han procurado, del comercio Dueños,
Ño conocer la ociosidad ni el hambre,
Ocupados en útiles inventos,
En fábricas, caminos, arsenales,
Escuelas, academias, hospitales,
Libros, experimentos,
Y estudios de las Artes liberales.
Allí sabrás, en fin, a cuánto alcanza
La sabia educación y el acertado
Método de patriótica enseñanza,
La privada ambición bien dirigida
Al público provecho del Estado,
La justa recompensa y acogida
En que fundan las Letras su esperanza,
Y el desvelo de un próvido Gobierno,
Que al bien aspira y a un renombre eterno.

Entre las reflexiones que te apunto
(Si no fuera un asunto
Superior a mis fuerzas), me alegrara
De poder explicarte
En digna descripción alguna parte
De aquel vario embeleso
Que te ofrece y prepara
La Corte Parisiense a tu regreso:
Culto emporio de Europa, que convida
Con nobles espectáculos, paseos,
Lucidas concurrencias y recreos,
Que hacen amable y cómoda la vida;
Siendo de los mayores y más gratos
Que proporciona aquella nueva Atenas,
Gozar la sociedad de Literatos
Que con las Ciencias útiles o amenas
Ilustran su Nación y las ajenas...

Pero yo, desde el centro solitario
Del estrecho rincón en que esto escribo,
Quitando el polvo al militar Archivo,
Mal te explico, oh viajante Secretario,
Lo que tú observarás prácticamente,
Y yo sólo por teórica percibo.
Sigue, pues, con salud tu itinerario;
De lengua en lengua y de una en otra gente
Aprende a ser político eminente;
Adquiere enhorabuena cada día
Méritos e instrucción; que yo, entretanto,
Conforme con la oscura medianía,
Del retiro y quietud elogios canto,
Diciendo como Séneca decía:

«En el despeñadero 3
De la encumbrada Corte permanezca
El que mando y honores apetezca;
Que yo la paz únicamente quiero.
Quiero en la soledad más escondida
Gozar los dulces bienes del reposo,
Y pasará mi silenciosa vida
Ignorada del Noble y Poderoso.
Cuando mi edad, sin fausto, sin estruendo,
Haya llegado al término que debe,
Aunque muera como uno de la Plebe,
Tal vez anciano moriré; y entiendo
Que no persigue muerte a los nacidos
Más triste y más cruel que la de aquéllos
Que son de todo el mundo conocidos
Sin que a sí propios se conozcan ellos».

firma autógrafa
Tomás de Iriarte


1 El macedónico.

2 Marco Atilio Regalo.

3 Stet quicumque volet potens
Aula culmine lubrico:
Me dulcis saturet quies,
Obscuro positus loco,
Leni perfruar otio.
Nullis nota Quiritibus
AEtas per tacitum fluat.
Sic cum transierint mei
Nullo cum strepitu dies,
Plebejus moriar senex.
Illi mors gravis incubat,
Qui notus nimis omnibus
Ignotus moritur sibi.


L. ANNAEUS SENECA. Thyestis Act.II.


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inglés English Translation by James Kennedy