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            SUICIDIO

Carne de cristal triste intangible a las masas.
Un farol que reluce como un seno mentido.
Aquí junto a la luna mi voz es verdadera.
Escúchame callando aunque el puñal te ahogue.

Yo era aquel muchacho que un día
saliendo del fondo de sus ojos
buscó los peces verdaderos
que no podía ver por sus manos.

Manos de ocho montañas,
confabulación de la piedra,
dolor de sangre en risco
insensible a los dientes.

Bajo las estrellas dé punta
hay gritos que se avecinan.
Bajo mi corazón de resorte
lenguas mudas estallan.

Abridme el mundo, abridme;
quiero iluminar solo un beso,
unos labios que irritan
árboles despiadados.

Están colgadas piernas
anidadas de pájaros.
Se ven extraños puentes
que enlazan los dos muslos.

Un calambre expirando
dice su voz insólita
y los pies por los troncos
aspiran a la copa.

Luces por las axilas, luces,
luces en forma de tobillos,
y esa cintura estrecha
que traspasó la luna.

Los ojos son caricias del viento,
son un dolor que va a olvidarse pronto,
en cuanto los cabellos sepan hablar despacio,
ahora que caen sobre los oídos últimos.

Corazones con alas, codos nubiles,
esa opresión que dulcemente mueve
una música nacida de la espalda.
La ignorancia es el roce de los pechos nacidos.

Oh mares que no existen bajo toda raíz,
árboles sustentados sobre bocas que laten,
ojos que se avecinan al cielo cuando baja,
cuando sobre las frentes las ideas son dedos.

Sangre en los peñascales, sangre por los espantos,
ramas que de los pulsos crecen hasta las voces,
cuerpo que pende al viento ya sin limitaciones,
herido por las lenguas que chupan sus hormigas.

autógrafo

Vicente Aleixandre


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IV