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        ENTRE LA MULTITUD

Entre la multitud hay un hombre que dice haber construido mi ciudad.
Entre la multitud un hombre sin nombre.
Pero hay muchos que dicen: Yo soy ese hombre por las calles:
Mirad mis manos destrozadas, mirad mis hombros hechos pedazos.
Y bien pudieran rebrillar cielos y frescos hálitos en la voz.
Sedas y humanas gentilezas.
Piedra a piedra la alcé.
Cerqué de muros mi día con mis manos.
Alcéla al sol bajo el cielo oscuro.
Alcéla y la miré desde lejos con ojos turbios.
Entre la noche cuando duerme
mi ciudad, hay un hombre que vela,
un hombre solitario para recoger el sueño
de mi ciudad y sus frías estrellas.
Un hombre quiere hacer una canción del sueño de mi ciudad.
Pero no puede hacer ese cantar, no lo hará nunca,
porque hay niños gimiendo, una mujer con ojos vidriosos que no duerme;
con palabras procaces, con vocablos horribles,
entre el sueño que sube luchando con alas luminosas

Mi sueño está lleno de baches, de pedazos de carbón,
está lleno de humo y del chirriar de las ruedas,
y del lamento lontano de los trenes perdidos.
Un hombre desvelado quisiera hacer una canción del sueño de mi ciudad;
pero cuando ha captado los gentiles ritmos,
cuando quisiera iniciar la tarea melodiosa,
una alba sube por encima de mi ciudad, como un grito bermejo,
como una mujer de boca ensangrentada, sube.
Cuando mi ciudad duerme su sueño de sudor y cansancio,
unos ojos hay que miran en las sombra,
un grito ahogado, muy lejos.
Y hay también una mujer desvelada,
una hermosa, delgada mujer en la noche
que quisiera decir una palabra buena.
En la feria de mi ciudad un hombre canta.
Canta tonadas rotas,
dice atrevidas fantasías, extravagantes ritmos.
Quisiera destruir mi ciudad porque dice haberla construido.
La trocaría por un poco de sol o una racha de viento.
Porque yo podría hacer con mi mano
con mi propia mano, una ciudad de sol y de aire limpio.
Después de esa alba sangrienta es cuando el sol viene,
después de la horrible aurora roja, el sol nuevo.
Pero hay en mi ciudad muchos hombres, muchos
que truecan el sol bueno por una moneda de cobre.

autógrafo

Aurelio Arturo


Publicado en Lecturas dominicales de El Tiempo, en 1975. Pertenece, sin embargo, al grupo de poemas escritos en el lustro del 25 al 30.


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