PERSEVERA EN LA EXAGERACIÓN DE SU AFECTO AMOROSO Y EN EL EXCESO DE SU PADECER

En los claustros del Alma la herida
Yace callada; mas consume hambrienta
La vida, que en mis venas alimenta
Llama por las medulas extendida.

Bebe el ardor hidrópica mi vida,
Que ya ceniza amante y macilenta,
Cadáver del incendio hermoso, ostenta
Su luz en humo y noche, fallecida.

La gente esquivo y me es horror el día;
Dilato en largas voces negro llanto
Que a sordo mar mi ardiente pena envía.

A los suspiros di la voz del canto;
La confusión inunda el alma mía;
Mi corazón es reino del espanto.

autógrafo

Francisco de Quevedo y Villegas


subir volver El Parnaso español (1648)   siguiente anterior
Erato. Musa IV. Soneto
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio