LLANTO, PRESUNCIÓN, CULTO Y TRISTEZA AMOROSA

Esforzaron mis ojos la corriente
de este, si fértil, apacible río;
y cantando frené su curso y brío:
¡tanto puede el dolor en un ausente!

Miréme incendio en esta clara fuente
antes que la prendiese yelo frío,
y vi que no es tan fiero el rostro mío
que manche, ardiendo, el oro de tu frente.

Cubrió nube de incienso tus altares,
coronélos de espigas en manojos,
sequé, crecí con llanto y fuego a Henares.

Hoy me fuerzan mi pena y tus enojos
(tal es por ti mi llanto) a ver dos mares
en un arroyo, viendo mis dos ojos.

autógrafo

Francisco de Quevedo y Villegas


subir volver El Parnaso español (1648)   siguiente anterior
Erato. Musa IV. Soneto
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio