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    EL OLVIDO

  No es tu final como una copa vana
que hay que apurar. Arroja el casco, y muere.

  Por eso lentamente levantas en tu mano
un brillo o su mención, y arden tus dedos,
como una nieve súbita.
Está y no estuvo, pero estuvo y calla.
El frío quema y en tus ojos nace
su memoria. Recordar es obsceno,
peor: es triste. Olvidar es morir.

  Con dignidad murió. Su sombra cruza.

autógrafo

Vicente Aleixandre, 1968


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