José Eustasio Rivera (1888-1928)



Menú de poemas por TÍTULO y primer verso



Ramón López Velarde autores Eduardo Castillo




Alta roca de vértices agudos

Amorosa y fecunda como el monte nativo

Atropellados, por la pampa suelta

Bajo el sol incendiario que los miembros enerva

Bajo los gualandayes el remanso circula

Bajo nevadas moles la gruta nunca vista

Cantadora sencilla de una gran pesadumbre

Cerca del ancho río que murmura

Con pausados vaivenes refrescando el estío

Corneando el fresco matorral, arranca

Cuando apagan los vientos su arrebol de verano

Cuando ya su piragua los raudales remonta

Cubre el silencio la bruñida arena

Dando toques de alarma, se apresura

De pie sobre la cúpula del farallón lejano

Dejando en la resaca mi barqueta

Destacada en un cielo de turbia lontananza

El potro semental que se enlozana

El sordo escarabajo esmeraldino

El toro padre –cuando sorda increpa

Embozado en la sombra se destaca

Embravecida, por la gris barranca

En la estrellada noche de vibración tranquila

En la tórrida playa, sanguinario y astuto

En un bloque saliente de la audaz cordillera

Entre el eco iracundo de ladridos violentos

Entre las rampas de la mole andina

Escueto y solo, donde el llano empieza

Esta noche el paisaje soñador se niquela

Grabando en la llanura las pisadas

Hay un agua salobre y solitaria

Hay una brisa de inefable ruido

La casa, llena de hongos y de esparto

La gentil calentana, vibradora y sumisa

La resaca se extiende como fino damasco

La selva de anchas cúpulas, al sinfónico giro

Lóbrego, en alta noche, a paso lento

Mágicas luces el ocaso presta

Mientras las palmas tiemblan, un arrebol ligero

Perfilando sus moles sobre el dombo infinito

Persiguiendo el perfume de risueño retiro

Pescadora de estrellas, una nutria recata

Por saciar los ardores de mi sangre liviana

PRÓLOGO

Revestido con púrpuras de ocaso

Sereno de humildad, la tarde gasto

Sintiendo que en mi espíritu doliente

Sobre el musgo reseco la serpiente tranquila

Sordo vuelo de abejas resplandece en la copa

Soy un grávido río, y a la luz meridiana

Soy un hijo del monte

Tornando de la zona ultramarina

Un crepúsculo inmenso la imponencia realza

Un gradual que rumora mientras duerme el plantío

Viajera que hacia el polo marcó su travesía

Vibradora cigarra: con tu lírico empeño