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        A PLÁCIDO

«De cobre es tu color, mas tu alma es de oro»

Acuña de Figueroa

¡Peregrino infeliz! alma probada
En el crisol del sufrimiento! El mundo
Si no maldice a tu asesino y llora,
Yo le daré mi maldición; y el llanto,
Única perla que la tumba pide,
Colocaré en la tuya. Yo he nacido
Bajo el cielo de América, y hermano
Te reconozco envanecido. El Plata
No columpia en sus brisas los palmeros
Que toldaron tu cuna; pero en ellas
Se bebe al par del néctar de las madres,
Fiereza y libertad: ¡yo soy tu hermano!...
Pongo las palmas en tu yerta frente,
Y mis manos de libre y de poeta
Te lavan del delito. ¿Cuál fue el tuyo?...
Llevar la sangre de español mezclada
Al fervoroso humor del africano,
Y en las sienes la llama del ingenio?
¿Tener el cuello a la cadena uncido
Como el bruto al arado, e independiente
El alma, como el cóndor que sublima
Su vuelo en espirales hasta el cielo?
¡Si ese tu crimen fue, yo te perdono!
Te absuelve el Dios que te abrigó en su seno,
Y se alzan en la tumba a perdonarte,
Los mejicanos Césares, los Incas,
Las esposas del sol... y los volcanes
De los Andes eternos, rebramando
De cólera en tu muerte, sulfurosas
Y amarillentas teas te levantan.
¡Descansa en paz! no faltará a tu tumba,
Huérfana de una cruz, ni el agua santa,
Ni el funeral incienso... que las Musas
Te llevarán en las sonantes alas
La purísima linfa del torrente,
Y los vientos del trópico su aroma.
¡Sublime criminal! ¡Cuánto te envidio
La gloria que te espera! Ya te siento,
Bajo el rastrero césped que te cubre,
Saltar de gozo al escuchar las liras
De los vates de América. Ninguno
Avaro fue de su tribuno en flores,
Ni al genio perseguido ni a los héroes.
Heredia huyó su esclavizada Cuba;
Olmedo puso la mejor diadema
En las sienes del grande de Colombia,
Y espirando, Varela, a su tirano
Con punzadores versos le hirió el alma.
Te cantarán, te cantarán, ¡oh cisne
Del mejicano mar! Dirán al mundo
Que la cuchilla de Pizarro existe
Con su rabiosa sed de sangre criolla;
Que es delito tener tostado el rostro
Con el fuego del sol, y que el tributo
Del amargo sudor de sus esclavos
Pide aun Fernando en boca de su hija.

Valparaíso el 12 de Junio de 1845.

autógrafo

Juan María Gutiérrez


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