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        A LA INDEPENDENCIA DE CHILE

«Aquí la libertad buscó un asilo,
Amable peregrina,
Y ya lo encuentra plácido y tranquilo.»

J. J. Olmedo

Del Atacama ardiente,
Al Cabo en que se estrecha el iracundo
Mar que con su corriente
Rompe los hielos que amontona el polo,
Del aurífero monte
Hasta la playa en donde el alga verde
Se mece al robozar de las mareas,
De uno al otro horizonte,
Seca el pueblo el sudor de sus tareas
Y al natalicio de la Patria acude.
Envanecida frente
Pasea bajo el toldo de pendones,
En que brilla una estrella refulgente
Y el Cóndor vencedor de los Leones.
Ábrese el pecho al júbilo. Las almas
Libres hoy como el ave del desierto
Donde destilan miel airosas palmas,
Solo respiran gloria. Los altares
Mandan a Dios reconocido incienso;
Y el leño audaz que se lanzó a los mares,
Despide del cañón el estampido,
A la par del baluarte no vencido
Y de los cantos del concurso inmenso.

¡Pueblo, daos al placer! Harto en el llanto
De vuestros padres se empapó la tierra;
Harto arrastraron de viudez el manto
De otras generaciones las esposas!
¡Para ellos las espinas!... ¡Ay! se encierra
Una lágrima amarga en esas rosas
Que os perfuman, oh vírgenes, el seno;
Y el cáliz del placer que hoy hierve henchido,
Colmado de veneno
Por vuestros viejos padres fue bebido.

¡Martirio y gloria y gratitud a ellos!...
¿Cuál fuera vuestra suerte,
Si del astro del Inca a los destellos,
Arrostrando la muerte,
No mostraran el pecho?
¿Si la enseña
De santa rebelión no enarbolaran?
¿Si al peso de mortífera cureña
La braveza del potro no domaran?

Del páramo silbaron
Helados vientos en sus nobles frentes,
Y de los arenales inclementes
El cansancio y la sed les aquejaron.

Aún fuera estrecha a su ardoroso empeño
La extensa base en que se empina el Andes:
Uno tras otro leño
Abatió el hacha en la araucana selva,
Y al Norte dando impávidos la proa,
Miroles espantada
La quieta mar que saludó Balboa.

Nacida de la nada,
Como labor de un Dios, doquier tendiera
Sus albos linos la inexperta armada,
Doquier al viento sus banderas diera,
Arreaban sus leones
Y almenados castillos
Las poderosas naves,
Como a la vista del audace cóndor
Pliegan sus alas de temor las aves...

No es tan fecunda el agua del torrente
Que serpeando va. al mar, y la sequía
Aplaca al suelo por el sol quemado,
Como fue del valiente
La sangre derramada en su agonía
Por libertar al pueblo esclavizado.
Humor de generosos corazones
La simiente del bien regó en la patria:
Por que a veces el cielo
No concede sus dones
Al paciente desvelo,
Sino a la voz audaz de los cañones.

Apenas del postrero
Combate la humareda se deshizo,
E inoficioso descansó el acero,
Cuando mostró la Libertad risueña
Su semblante de amor. Naturaleza
No tiene en sus colores,
Ni la palabra humana en su nobleza,
Con que pintarte ¡oh madre! De Dios mismo
Eres porción. Para calmar dolores
Te manda al mundo envuelta entre destellos
De su divina luz, y rodeada
Del Arte, de la Ciencia y la Riqueza...

¿Qué es el hombre sin ti? De qué le vale
Saber que bulle en él el pensamiento,
Si hundido en la vergüenza,
De su labio no sale
Si no la voz sumisa al mandamiento?
Ciego, sin ti, camina
El hombre ¡oh Libertad! por entre sombras
De pánicos pavores,
Y vaga y desatina
En la noche fatal de los errores.
Mal comprende a su Dios: del harmonioso
Concierto en que los orbes van rodando
En torno al luminoso
Foco del sol, la avasallada mente
Aleja, y delincuente
Apellida y osado,
Al varón inspirado
Que con mirar profundo
Leyó en los juicios del creador del mundo...

¡Bendición de los cielos,
Don del Omnipotente, os saludamos,
Fecunda Libertad! Por ti los vuelos
Del pensamiento altivo levantamos:
Por ti reina la paz: por ti la estrella
Del pabellón chileno,
Acatada descuella
Del mar del sur sobre el hirviente seno.
Por ti del Rhin, del Támesis y el Sena
En hospitales puertos,
Sobre linfa serena,
Los fatigados linos
Pliéganse con placer... En los desiertos
Del Magallan, por ti, cunden las leyes:
Sus ignoradas selvas,
Abrigo solo a bárbaros un día,
Ceden hoy el espacio a los hogares
Colmados de alegría
Del colono feliz, y a sus altares.

¡Jamás, oh Libertad! ¡en el hermoso
Cielo de Chile, en el nublado escondan
Tu frente el Despotismo ó la Anarquía!
¡Jamás el venturoso
Mes de Setiembre entre sus flores vea
La maleza del mal cegar la vía
Del constante progreso!...
Que más el llano de Maypú no sea
Campo de sangre, ni a su mies dorada
Abatan otros filos,
Que los fecundos de la hoz callada.

Valparaíso 1845.

autógrafo

Juan María Gutiérrez


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