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        LA FUENTE
  (TRADUCCIÓN DE LAMARTINE)

Mansa, cristalina fuente
Que brotas de peña dura;
Y cual cendal transparente
Extiendes tu linfa pura
Sobre la yerba naciente.

Del mármol bello y pulido
Donde otro tiempo gemías
Te escapas con manso ruido,
Y por el prado florido
Caprichosa te extravías,1

Cubre la yedra en festones 2
Su delfín abandonado,
Que ya no da direcciones
En libres ondulaciones
A tu raudal argentado.

Tu templo y tu sombra, Fuente,
Son estas hayas sombrías,
Que inclinadas tristemente
Tienen en tus ondas frías
Su copa seca pendiente.

La flor de otoño caída
Ruga tu seno ligero;
De verde musgo vestida
Está la orilla comida
De tu viejo surtidero.

Mas tú sigues no cansada
Tu carrera presurosa...
Así el alma generosa
Desconocida, olvidada,
Aun se muestra bondadosa.

Sobre tu copa inclinada
Miro filtrar cual rocío
Ese aljófar delicado
En el peñasco sombrío,
Por ti bruñido y gastado.

Y oigo tu gota armoniosa
Desprenderse, y resonar,
Como una voz melodiosa
Que se interrumpe medrosa
Un suspiro al exhalar.

Con esta voz conocida
Se despiertan halagüeñas
De mi juventud florida
Las imágenes risueñas,
Y una memoria querida.

¡Oh, cuántas veces me viste
Fuente, tu orilla buscar,
Y mi compañera fuiste,
Ora dichoso, ora triste,
Para gozar o llorar!

De aquel tiempo ya olvidado
iCuántos preciosos momentos
Tu murmullo ha renovado!
¡Cuántos tristes pensamientos
Con tus ondas han pasado!

Si; yo soy el que otro día
Suelto el cabello de oro,
A tus orillas corría,
Y en mi mano recogía
De tu raudal el tesoro.

Yo soy el que reclinado
Bajo dosel de verdura
Miré flotar extasiado
Mas sueños ¡ay! de ventura
Que gotas has derramado.

De aquella edad seductora
El horizonte traidor
Brilla cual plácida aurora,
Que la blanca nube dora
Que velará su esplendor.

De la tempestad batido,
Ausencia o muerte llorando
Más tarde me has conocido,
La triste frente apoyando
En tu peñón denegrido.

Y sin verte te miraba,
Y de mis ojos corría
Llanto que el pecho brotaba,
Que en tus cristales caía,
Y su pureza enturbiaba.

Para exhalar sus gemidos
Te buscaba el corazón,
Porque tus ecos queridos
Tornaban a los oídos
Los ayes de mi aflicción.

Y ahora vengo todavía
Por el instinto guiado
Que me condujo otro día,
Para escuchar la armonía
De tu raudal despeñado.

Los delirios de mi mente
No siguen fugaces ya
Tu caprichosa corriente,
Como esas hojas que va
Precipitando al torrente.

Mas tu voz escuchan ellos;
El mundo les importuna...
Bajo estos árboles bellos
Se acogen a los destellos
De la amarillenta luna;

Y olvidando tu carrera
Y su término forzoso,
Sube mi mente ligera
Hacia la causa primera
De tu origen misterioso.

De las nubes hija hermosa
Te veo en leve vapor
Ora rodar tormentosa
Ora filtrar amorosa
En el cáliz de la flor.

En su abismo tu tesoro
Devora la peña ardiente,
Y el prado por cada poro
Va sorbiendo ávidamente
Gota por gota tu lloro.

¡Filtras perla virginal
En el crisol misterioso
De do vuelve tu raudal
Puro, fúlgido y hermoso,
Al azul del cíelo igua!

De tu apacible carrera
Se muestra el desierto ufano,
Te canta el ave parlera,
Y el hombre ansioso te espera
En el hueco de su mano.

Cual la brisa matutina
Un soplo puro derramas
Con tu linfa cristalina,
Y tiende la añosa encina
Para abrazarte sus ramas.

¡Ah! yo la mano potente
De Dios en tus aguas miro;
Que tu caprichoso giro
Es un juego solamente
Del alto poder que admiro.

Oye el alma con ternura
Tu murmullo inspirador;
Que el afecto de natura
Es la ofrenda que más pura
Puedo ofrecer a su autor.

A cada suave vagido
De tu ligera corriente,
En mi pecho conmovido
Lo revela dulcemente
No sé que acento escondido.

Y cual de tu cáliz colmado
Se escapa tu onda ligera,
Por los afectos hinchado
Arroja mi pecho fuera
Un sentimiento sagrado.

Y exhala el labio oprimido
Sumisa, ardiente plegaria,
Y al ser que adoro, rendido
Tríbuto el llanto, vertido
En el ara solitaria.

Así me ves, Fuente pura,
Seguir tu rumbo suave:
¡Todo cambia en la natura!
¡Pierde el campo su verdura!
¡Pierde su plumaje el ave!

Cubrirá cabello cano
Acaso pronto mi sien,
Y en tus orillas mi mano
Cortará el ramo lozano
Que me sirva de sostén.

Y por tu curso enseñado,
Aquí a tu margen querida,
En el musgo reclinado,
Veré correr sosegado
A su término mi vida.

Y gota a gota corriendo
Irán esas ondas frías
En su sepulcro cayendo,
Y las seguirán mis días
Rápidos también huyendo.

¿Cuántos me restan? ¡oh fuente!
¿Qué importa? los dos marchamos:
Sigue, sigue tu corriente;
Que por ruta diferente
Al propio término vamos.

1839

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


>Se ha aplicado el cambio de la fe de erratas de la publicación original, los versos publicados que se corrigen en ella eran:

1             Caprichosa te encaminas

2             Cubre la hiedra en festones


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francés Version originale française de Alphonse de Lamartine
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